CARLOS, REY EMPERADOR: Capítulo 9

En la novena entrega de esta ficción ha tenido lugar la boda real e imperial, en el Alcázar de Sevilla, el 11 de marzo de 1526. La muerte de la hermana de Carlos V, Isabel de Austria, ha precipitado el matrimonio, para evitar el luto, antes que llegara a oídos de la Corte.

Dicen que su historia de amor fue muy intensa, y hubo flechazo desde el primer día, si bien la emperatriz ya venía predispuesta al amor, Carlos V se rindió a su belleza en cuanto la vio. Han pasado la luna de miel en Granada, aquella tierra que tanto les costó conquistar a sus abuelos, los Reyes Católicos, y nos han regalado preciosas escenas en La Alhambra.

Por lo visto, el emperador vivió unos días de descanso, junto a su amada, levantándose tarde, y más preocupado por colmar a Isabel de preciosas flores, los claveles, traídos de Persia, y que pronto se convirtieron en un símbolo peninsular, que de asuntos de Estado.

Pero el deber le llama, y el emperador debe volver a Valladolid. Francisco I, el rey de Francia ha faltado a su palabra, quedando Leonor en las Españas, sin consumar su matrimonio, hasta que no acate su promesa. Propone a Inglaterra y a Roma que se alíen contra Carlos V, iniciando así nuevas guerras, en las que se produce el saqueo a Roma, y en la batalla tiene lugar la muerte del duque de Borbón, aunque nos pusieron una escena mínima y muy sutil de su muerte.

Isabel de Portugal no quiere quedarse al margen de los asuntos de la Corte. Al igual que su abuela, quiere atender las obligaciones que le corresponden como emperatriz. A pesar de su embarazo, viaja a Vallladolid, para estar con su esposo, y apoyarle. Allí nacerá su primer hijo, Felipe, el 21 de mayo de 1527. Cuentan que tuvo un parto complicado, pero a pesar de todo, no quería que nadie viera dolor en su rostro, mandó bajar la luz de los candelabros, y se colocó un pañuelo en el rostro, para evitar que la vieran. Y una frase célebre fue: “Moriré, pero no gritaré”, incapaz de perder la compostura como emperatriz ni por un momento.

La hermana de Carlos V, María de Hungría, llega a Flandes y reprocha a Margarita de Austria y a su hermano Fernando, que no hayan enviado tropas contra los turcos, que han ocupado Hungría, y su marido ha muerto, el rey Luis II de Hungría.

Otro personaje que hemos conocido en este capítulo, es Luis Ponce de León. Es el gobernador de la Nueva España, sustituto de Hernán Cortés, y mucho más fiel al emperador. La llegada de Cortés a Veracruz, precipita su muerte, acusando a Cortés de ser el causante de ella.

En este capítulo, la boda real y el nacimiento del heredero, Felipe, ha eclipsado totalmente al resto de asuntos de Estado, pasando desapercibidas para el espectador. Está muy lograda y muy cuidada la parte emocional, los guiones de los personajes. En pocas escenas reflejan lo enamorados que estaban, con una fotografía magnífica de La Alhambra de fondo, y un gran despliegue en vestuarios y decorados, así como nos plasman el miedo de Carlos V a perder a Isabel, al quedar debilitada tras el parto, en una escena, rezando a los pies de su cama. Sin embargo, hay muy poco despliegue en acción, apenas nos muestran las batallas, quedando a la imaginación del espectador. Es inevitable compararla con su antecesora, la serie “Isabel”, donde hacían más hincapié en éstas.

La audiencia baja esta semana a un 10,1% de share y 1.988.000 espectadores, producido por el cambio de día de la serie “Mar de plástico”, y el estreno del nuevo programa musical “Pequeños gigantes”.

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